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La calidad en tiempos de crisis

De 16/01/2012 agosto 14th, 2020 Sin comentarios

La crisis ha tocado todos los sectores, incluido el de la traducción. No cabe duda de que ha afectado al volumen de trabajo, pero ¿ha supuesto también una merma de la calidad?

La calidad en tiempos de crisis

La crisis ha tocado todos los sectores, incluido el de la traducción. No cabe duda de que ha afectado al volumen de trabajo, pero ¿ha supuesto también una merma de la calidad?

En primer lugar, es importante conocer los diferentes actores del mundo de la traducción. Por una parte, existen los traductores autónomos y, por otra, las agencias de traducción. En términos generales, ambos se diferencian en que las agencias pueden abarcar una variedad de idiomas y especializaciones, además de ofrecer múltiples servicios y un seguimiento personalizado de los mismos, mientras que los autónomos abarcan una media de dos combinaciones lingüísticas y no siempre tienen la capacidad de adaptarse a las necesidades de un proyecto determinado, ya sea por volumen, ámbito de especialización o disponibilidad, entre otros.

Cada agencia, cuando recibe un encargo de traducción, utiliza sus propios criterios y procedimientos. Habitualmente, se selecciona al equipo de profesionales que más se ajustan a las características del proyecto y se siguen una serie de pautas en función del mismo, entre otros, el análisis de la documentación objeto de traducción y de la documentación paralela, extracción terminológica, traducción propiamente dicha, revisión, proofreading, control de calidad, maquetación y registro en base de datos.

A lo largo del proceso, la calidad, término muy amplio a la vez que subjetivo, se ha de mantener en cada paso. Independientemente de la profesionalidad con la que cada empresa afronte un proyecto, uno de los elementos diferenciadores más claros es el de la revisión.

Pasar el corrector del Word o leer un texto en busca de incoherencias no es revisar un texto. Una revisión implica un cotejo del original con la traducción destinado a comprobar que los términos son los correctos, que no se ha omitido ningún tipo de información y que el lenguaje es adecuado y la terminología coherente. Esta tarea requiere mucha minuciosidad y precisión, y más en el caso de proyectos de gran volumen o de múltiples combinaciones lingüísticas.

En el mundo de la traducción, sabemos que a menudo se opta por prescindir del proceso de revisión para ahorrar costes, o bien se emplean otros métodos como contratar a traductores nóveles con tarifas más económicas y encargar la revisión a traductores con algo más de experiencia —o no—, o bien se realiza un “control de calidad” en la propia agencia, a lo que denominan “revisión”.

Todos somos conscientes de lo difícil que están las cosas. Ante la nueva realidad del mercado, un gran número de clientes nos solicitan una rebaja de los precios, nos hacen partícipes de su situación, nos comentan que han de solicitar nuevos presupuestos, o incluso nos facilitan precios de otros “competidores” cuyas tarifas no llegarían ni para cubrir los costes del primer traductor.

En NAKOM, consideramos que las agencias, como mediadores, tenemos una responsabilidad. No creemos que ahorrar costes en perjuicio de la calidad de un proyecto sea una solución planteable, a menos que así lo requiera –y sepa– el cliente. Así, si un cliente solicita un precio más bajo, lo más seguro es que no se pueda costear al mismo número de proveedores, o que estos no tengan la misma pericia y, por ende, proporcionen la misma calidad.

En definitiva, hemos de ser transparentes, y ser capaces de transmitir a cada cliente qué servicio se le está proporcionando, enseñarle a diferenciarlo, que sea consciente de cuándo está pagando por un trabajo revisado (en la aceptación que todos conocemos, queridos compañeros del mundo de la traducción, ¡seamos honestos!), y cuando no, cuando está pagando por una traducción realizada por un becario a un idioma que no es el suyo, o cuando el traductor que hemos contratado ha hecho uso de su pericia.

Como profesionales, hemos de mantener una ética, y quién mejor que nosotros para empezar a denominar las cosas por su nombre. Habrá mercado para todos, pero confío en que, sobre todo, y ahora más que nunca, para los que trabajen con transparencia y honestidad. Es un trabajo a largo plazo, quizás incoherente con la rapidez que los tiempos nos exigen, pero hagamos el favor de defender nuestra profesión, con profesionalidad.

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